¿Qué cara muestras a los demás? ¿Cuál es tu máscara?

Posted 30 noviembre By XiomaraIn Otros que no sé dónde meter, Relación con una misma0 comments

¿Sabes si tienes una máscara?

En caso afirmativo... ¿Sabes cuál es y como sería tu verdadero comportamiento de no llevarla puesta? En el caso negativo... Igualmente está bien que te plantees si la tienes porque quizás creas que no tienes ninguna máscara y puede que, muy a tu pesar, sí la tengas.

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Me siento frustrada por sentir que con quien hablo está equivocado y no es capaz de darse cuenta.

Creo que todo lo que hago… Bien hecho está! Y que mi opinión sobre algunas cosas rara vez es equivocada. Eso sí, cuando creo que es equivocada, no tardo en rectificar.

Alardeo de ser una persona a la que no le importan demasiado las cosas. De ser una persona inteligente y práctica y de que se me da bien hacer todo lo que se me da bien hacer  😜

Pero muchas veces me planteo si de verdad esta es la opinión que debería tener sobre mí misma. Si es así como soy de verdad. Y si es así como quiero ser. Y la respuesta que encuentro es “sí”. Vuelta otra vez a empezar: no sé si esta respuesta es verdadera o si viene de mi máscara.

Como digo. Lo que no creo que debiera tener tan claro es que siempre que creo que estoy en la “opinión correcta”, estoy realmente en la opinión correcta. (Aquí vuelve otra vez la Xiomara autoritaria que piensa que, por qué no voy a estarlo).

Me cuesta mucho aceptar otras opiniones diferentes a la mía.

Y ya me lo dice mi hermana:

“Xiomara, no todo el mundo tiene que pensar igual que tú. Deja a la gente que crea lo que le de la gana”

Muchas veces que no soy capaz de entender que otras personas tienen otras vivencias y quizás vean las situaciones con otros ojos, desde otra perspectiva diferente a la mía (de hecho, sería raro que no fuese así).

La mayoría de las veces respeto todas las opiniones pero en el fondo me siento frustrada por sentir que con quien hablo está equivocado y no es capaz de darse cuenta.

Todos utilizamos máscaras y os voy a poner dos ejemplos que he visto repetirse mucho entre personas que conozco, no voy a dar nombres porque muchos de vosotros (mis amigos que me leéis, gracias, sois unos cracks) les conoceréis. Estas personas tienen una máscara y muestran o han mostrado una imagen al exterior que no puede estar más lejos de lo que esta imagen significa y representa:

  • Alguien que conozco ha pasado en su vida por una mala racha personal (algunas situaciones que la marcaron desde su adolescencia) y desde hacía unos años, presumía de ser muy activa sexualmente. Aireaba sus relaciones sexuales allá por donde iba. Contaba sus aventuras a casi todo el mundo a sus amigos. Sin ningún tipo de pudor. Que si así, que si asao. En cualquier momento, en cualquier lugar encontraba un momento perfecto para contar alguna experiencia impresionante con alguna “pareja de juegos”. Sin embargo, después de que todo esto le sobrepasara y un día dijese “hasta aquí”, quizás por el vacío que sentía por dentro, se paró a reflexionar. Y tras esta reflexión, que duró varias semanas/meses en los que se iba dando cuenta cada vez de mas cosas y en las que fue hilando ciertos acontecimientos y ciertas acciones con ciertas emociones que la habían llevado a hacer lo que hacía, se dio cuenta de que esa forma en la que trataba el sexo no hacía nada más que esconder su mayor carencia emocional. Se dio cuenta de que lo único que hacía con ese comportamiento era intentar ponerle una máscara a su necesidad de afecto y lo hacía así; intentando dar a los demás lo que ella creía que los demás esperaban de ella.
  • A otro conocido le pasaba algo parecido. Aunque no era con el sexo y con hablar de sus experiencias sexuales a todas horas y con todo el mundo, lo que le pasaba era que salía sin parar. Salía de fiesta, salía a tomar café, salía a desayunar, salía a cenar, salía a comer. Su vida era un plan público.
    Siempre estaba con alguien, siempre tenía algún plan con algún grupo de amigos en el que iban a algún sitio concurrido. Daba igual que llevase saliendo cuatro días seguidos bebiendo alcohol duro, si a la mañana siguiente había algún evento, ahí estaba él, dispuesto a levantarse de la cama fresco como una lechuga, ponerse lo primero que pillase e ir pitando. No fuera a ser que se lo perdiera. O, lo más importante, no fuera a ser la gente no le viese por allí. Un día, hablando de todo esto le dije “oye, ¿no crees que tu cuerpo te está pidiendo reposo y un poquito de tranquilidad y que no es normal que hayas salido cuatro días esta semana y aún así, estando en el sofá tranquilo, viendo una peli conmigo, tengas que ir al plan que te acaban de proponer para esta noche?”. Creo que él ya se había planteado que no era muy normal que no pudiese estar en casa y que dijese sí a cualquier plan que se le presentaba si este implicaba salir por ahí, de noche o de día. Pero no fue hasta que empezó a trabajar y a tener una vida más ordenada que no se dio cuanta de que lo que hacía lo hacía por tener el reconocimiento de los demás, un reconocimiento que no recibía por parte de quien él lo quería (su familia) y necesitaba salir. Necesitaba ver y ser visto y que la gente le dijese lo crack que era por estar en todas partes.

Pero es muy fácil ver la motita en el ojo ajeno y no darnos ni cuenta de la viga que nosotras tenemos.

En mi opinión, las máscaras no son malas. Con ellas “ocultamos” o camuflamos ciertas emociones.

Y es que no podemos ir todo el día con las emociones a flor de piel.
Imagina ir a hacer la compra y cuando estás pagando al cajero, ponerte a llorar a moco tendido porque tu novio te ha dejado la semana pasada. No es plan tampoco ¿verdad? Eso mismo pensó el cajero 😜

Las máscaras son necesarias. El problema es cuando lo que ocultamos son nuestras emociones no solo a la sociedad sino a nuestros familiares, amigos e incluso a nosotras mismas.

Creo que, tengamos una máscara o no, es importante, aunque solo sea a modo de reflexión, hacernos una serie de preguntas que puede que desaten sensaciones y pensamientos que ni siquiera sabíamos que teníamos. No estaría mal que cogieses papel y lápiz y, en un momento de tranquilidad, te sinceres contigo misma y escribas todo lo que se te pase por la cabeza con respecto a estas preguntas. Puedes hacerlo mientras te tomas un café calentito, un té o un batido de estos hiper sano de espinacas. Seguro que te sienta bien.

Yo lo he hecho y creo que ha avanzado un pasito:

  • ¿Cómo te muestras a los demás?

  • ¿Hay algo que esa actitud esconda?

  • ¿Algún tipo de necesidad emocional?

  • ¿Cómo te gustaría mostrarte?

  • ¿De qué forma podrías empezar a practicar este nuevo yo social?

Es muy difícil quitarse la máscara si no sabes cuál es, te reto a que lo averigües. ☺️

Firma Xiomara YO A LO TUYO

 

 

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